HARÉN

Imagen Louis Vest
Los viajeros europeos que describieron en sus obras el harén mogol nos hicieron llegar una imagen distorsionada y meramente erotizada de los mismos. Embestidos de autoridad en una época en la que sólo unos pocos viajaban y con una perspectiva puramente europea, estos autores incluyeron algunas licencias en sus libros de viajes que con frecuencia mostraban el harén como una casa de placer o como una especie de prisión de esclavas sexuales, dos percepciones muy simples para una realidad algo más compleja.

El término harén viene del árabe haram (prohibido – sagrado) y para entender su existencia hay que entender los conceptos purdah y zenana. Purdah es la separación física de hombres y mujeres, frecuente en algunas comunidades musulmanas y la zenana son las habitaciones de las mujeres. 

A efectos prácticos, el harén era el lugar donde vivían todas las mujeres tantos las familiares directas (madres, esposas, hermanas, tías, abuelas y otras parientes) como las concubinas y los niños. La palabra concubina engloba a las mujeres que no eran esposas ni familia y que llegaban al harén por compra, permuta, como trofeos de guerra o como acuerdo político. 

Orígenes, etnias y lenguas se mezclaban en este reducido lugar como muestra del alcance el poder del imperio, en número variable dependiendo del cronista. Sirva como dato curioso la leyenda de que el harén de Akbar disponía de 5000 mujeres, algo bastante improbable por poco razonable. Algunos estudiosos estiman que entre reinas, concubinas y esclavas, sólo el 5% de las mujeres del harén tenían un rol sexual activo. 

Existía una jerarquía interna en la que la posición de cada una estaba determinada por su relación con el emperador . En las ocasiones en las que éste visitaba a su prole y parentela femenina y comía con ellas, si había que tomar alguna decisión sobre la familia real, era a las damas mayores a quien escuchaba. 

Éstas tenían un estatus relevante para intervenir los asuntos de carácter familiar e interno y hasta en la intermediación política. Con frecuencia, la primera dama muchas veces no era la esposa, sino la madre del emperador. 

Cuando el emperador se desplazaba a sus viajes y conquistas se llevaba consigo una parte del harén. Aunque no vivían enclaustradas, no era costumbre que salieran y como todo en la corte, este asunto también estaba sujeto a estatus. 

La vida en el interior del harén era lujosa y generalmente ociosa, repleta de juegos y entretenimientos. Un incontable número de criados, esclavos y guardias atendían sus necesidades y velaban por su protección. Con frecuencia se empleaba eunucos para cuidar los harenes y algunos de ellos se convirtieron en ayudantes de las reinas. Ya fueran homosexuales o varones castrados, eran muy valorados por sus informaciones.

Las esposas recibían una asignación económica y es sabido que algunas de ellas tenían una fortuna personal superior a la de muchos comerciantes europeos de la época. Hay constancia de que estas damas financiaron mezquitas y tumbas.

Por otro lado, su vida también estaba sujeta a las continuas rencillas domésticas, fruto de los celos y la competitividad. Un cronista de la corte de Akbar observó irónicamente, "El gobierno del reino es poca cosa comparada con esta tarea (del harén), donde la intriga tiene su trono."

Ann Rajkumari Jodhaa  13/07/2016

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