LA INCREÍBLE HISTORIA DE HENRY EVERY, EL PIRATA QUE ROBÓ EL TESORO DE AURANGZEB

Imagen Amre
En 1695 el inglés Henry Every era un consumado pirata de 30 años que ya había robado con éxito al menos diez buques de muy diversas nacionalidades.

En agosto de ese año su navío 'Fancy' (Fantasía) se topó en el Mar de Arabia con un convoy de 25 buques que regresaban de La Meca, incluyendo el buque insignia cargado de tesoros 'Ganj-i-Sawai' y su escolta, el 'Fateh Muhammad'.

Henry y su tripulación de más de cien hombres asaltaron el convoy durante días y uno a uno los fueron saqueando hasta llegar al 'Ganj-i-Sawai', que cargado de ochenta cañones y con 600 tripulantes, ofreció una feroz resistencia. 

Tras horas de lucha cuerpo a cuerpo a machete y pistola de mecha, finalmente la victoria se puso del lado de los piratas, que se hicieron con un imponente botín como nunca antes se había visto en joyas, monedas y piedras preciosas. Henry se convirtió en el pirata más rico del mundo, pero no satisfecho con lo recaudado, torturó a la tripulación buscando más botín escondido. 

Las torturas fueron brutales e incluyeron asesinatos, humillaciones a ancianos y violaciones a las mujeres. Muchas de esas musulmanas se suicidaron arrojándose por la borda o clavándose un cuchillo para evitar ser violadas ante sus maridos. 

El saqueo de 'Ganj-i-Sawai' causó daños considerables a la frágiles relaciones de los mogoles con Inglaterra, que aún no había colonizado plenamente India. 

El dueño del tesoro, el emperador Aurangzeb, era conocido por su duro carácter y respondió al ataque encarcelando a los comerciantes ingleses en la fábrica de East India Company en Surat, amenazando además con asediar Bombay. 

Para apaciguar a Aurangzeb, la East India Company se comprometió a pagar todas las pérdidas económicas, mientras que el parlamento británico declaró a los piratas "enemigos de la raza humana". Con esta declaración se inició lo que se conoce como la primera gran cacería del hombre de la historia. Mientras tanto, los piratas habían huido a Bahamas para disolverse tras repartiese el botín, acordando mantener un perfil bajo a fin de evitar ser descubiertos. 

La búsqueda duró años y las autoridades solo consiguieron apresar y ejecutar a apenas una veintena de ellos. Henry burló su captura en varias ocasiones y tras varios cambios de identidad, se cree que dejó la piratería por el negocio de los esclavos y que murió poco después en Irlanda. 

Algunos autores dicen que vivió un retiro placentero, pero otros aseguran que, incapaz de sacar a la luz su riqueza para no ser descubierto, murió tan pobre como un mendigo que no tenía para pagar ni su propio ataúd. 

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