RECOGIENDO SAL EN EL RANN DE KUTCH

Imagen Antoine Colle



Las lluvias del monzón bendicen de junio a octubre el desierto de Thar (Gujarat) con unas lagunas que inundan de vida y de agua salada este erial cercano al Mar Arábigo. Cuando el monzón se va, se lleva consigo el agua del pantano Rann de Kutch y lo que deja tras de si es una salina infinita, un paisaje blanco como un enorme manto de nieve. 

Es entonces cuando empieza la temporada de recolección de la sal, un oficio que han desempeñado los miembros de la tribu Agariya desde hace siglos. Es un trabajo muy duro, con jornadas de diez horas con temperaturas de más de 40º en el que se afanan mayores y niños a partir de diez años. En los meses de trabajo, las familias dedicadas a la sal viven en cabañas improvisadas cerca de los puntos de recogida y envasado, pero la falta de recursos les obliga a caminar varios kilómetros en busca de agua dulce o la adquisición de alimentos. El 75% de la sal que se consume en India procede de aquí, del Rann de Kutch.

Para estos trabajadores es muy difícil escapar del ciclo de explotación y pobreza aún más cuando la tasa de alfabetización es muy elevada. Es bastante común que tengan problemas en la piel y en los ojos por las prolongadas jornadas a la luz brillante y que su esperanza de vida no supere los 60 años. 

El desierto del Thar y el Rann de Kutch son unos puntos turísticos muy demandados por la serenidad y la incomparable belleza del entorno. Cuando regrese el monzón, las resecas salinas volverán a llenarse de flamencos y camarones dando un respiro a sus sufridos trabajadores. En este periodo, las familias de la sal se dedicarán a la pesca, al descanso o la escuela en el caso de los pequeños antes de que el ciclo comience de nuevo y la sal demande manos que la recojan. 

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