DIAMANTES DE INDIA, UN TROZO DE LUZ ENTRE ASIA Y EUROPA

Imagen: Loelia, duquesa de Westminster, posa con una diadema de diamantes de India.
Fotografía de Cecil Beaton para Vogue en 1931.
Desde el origen de los tiempos, el hombre se han sentido fascinado por la pureza de los diamantes. Esta piedra tan dura y escasa es un tipo raro de carbono que se produce cuando el mineral es sometido a las altas presiones y temperaturas en la litosfera de la tierra. No es de extrañar que este don de la naturaleza haya sido relacionado como un regalo de los dioses. 

Durante siglos, India ha sido la primera y única suministradora de diamantes del mundo y sus habitantes pioneros en el uso ornamental de la piedra. Se extraían de las minas de Golconda en el 800 AC y su belleza y calidad les hizo valer como moneda de cambio para el comercio de bienes y servicios con China, Israel, Egipto y Siria. Los gobernantes del momento cobraban un impuesto por la exportación de estas piedras.

Los diamantes viajaron a Europa como producto exótico en las caravanas de mercaderes a Venecia, llevando consigo increíbles leyendas sobre su origen. La más famosa de ellas dice que el mismísimo Alejandro Magno encontró en India un pozo de diamantes infestado de serpientes cuya mirada mataba a los hombes. Los soldados las cegaron con espejos y arrojaron ovejas muertas al pozo para que las piedras se pegaran a la carne y se la comieran los buitres . Después seguían a las aves hasta sus nidos para recogerlas. Marco Polo se hizo eco de esta leyenda que también consta en la historia de Simbad el Marino. 

Al diamante se le atribuyen poderes espirituales muy importantes. Se cree que es un símbolo de protección contra el mal agüero, los espíritus malignos y los enemigos. Trae riqueza, salud y prosperidad a la vez que aleja la enfermedad, los miedos y la muerte accidental. Representa la intrepidez y la invencibilidad. 

El Ratnapariska de Buddhabhatta, un manual de sánscrito de joyas datado sobre el año 500, afirma: "El que lleva un diamante verá que los peligros se alejan de él, o si se ve amenazado por serpientes, fuego, veneno, enfermedad, ladrones, inundaciones o espíritus malignos ". 

Las minas de India se agotaron tras haberle dado al mundo infinidad de diamantes de gran calidad, algunos tan fabulosos que tienen nombre y apellidos propios. Se llaman 'Gran Mogol', 'Nizam', 'Orloff' o 'Regent' y otros tan famosos como el 'Hope' y el 'Koh-i-Noor'. Se pueden admirar en museos o palacios adornando collares exclusivos, cetros imperiales o coronas reales y casi todos arrastran consigo alguna maldición o misterio que hacen aún más preciado su valor. 

La moda del diamante en Europa impuso la búsqueda de otras minas y el descubrimiento de América trasladó el mercado de Venecia hasta Lisboa por la explotación de las minas en Brasil. Actualmente, la mayoría de los diamantes que se encuentran en joyerías proceden de Sudáfrica, Canadá y EEUU.

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