EL ÁRBOL DEL SUICIDIO

Imagen gnlogic
Parece un árbol más, pero el 'Cerbera Odollam' (también conocido como Othalanga, Pong Pong o 'Árbol del suicidio') esconde un secreto mortal dentro de sus semillas. Tiene un aspecto similar a una adelfa, crece de forma silvestre a lo largo de la costa de Kerala y en condiciones favorables puede alcanzar hasta diez metros de altura. Adorna sus hojas verdes con unas bellas flores blancas y unos frutos pequeños. La cáscara del núcleo del fruto se utiliza como elemento decorativo pero la semilla que alberga es altamente tóxica y ha sido empleada con frecuencia en Madagascar e India para el suicidio... y el asesinato. ' 

La simiente se tritura hasta que se convierte en un polvo fino, listo para ser mezclada con la comida. Contiene una toxina llamada cerberina que bloquea los canales de calcio del músculo cardiaco y que conduce al paciente una muerte irremediable, lenta y terrible, entre vómitos violentos y fuertes dolores. Los afectados tardan en morir entre uno y dos días. 

Este fruto ha sido durante años la herramienta favorita de esta parte de Asia para acabar con la vida propia y la ajena gracias a la dificultad de la ceberina para ser detectada en las autopsias. No aparece en los informes de toxicología salvo que se busque expresamente, un proceso caro y costoso en India. A ello hay que añadir la facilidad con la que se puede enmascarar su sabor amargo natural con elementos tan comunes como el azúcar o las especias. 

Según algunos estudios, la semilla causó 537 muertes entre 1989 y 1999 en Kerala, más de 50 personas al año. No existe otra planta en el mundo que haya provocado tantas muertes por suicidio como el árbol Odollam. El 75% de las mujeres que se acaban con su vida en esta zona del pais lo hacen ingiriendo esta simiente. 

En los últimos años se ha encontrado una forma de rentabilizar el 'árbol del suicido', gracias precisamente a su núcleo venenoso, utilizado industrialmente como bio-insecticida,para luchar contra las plagas de ratas, como desodorante y biocombustible.

En Madagascar, hasta mediados del siglo XIX los sospechosos de brujería eran obligados a ingerir una de estas semillas para 'probar' su inocencia, ya que se creía que sólo los inocentes sobrevivían. Hasta que el rey Radama II prohibió esta práctica en 1861, se estima que bajo esta prueba murieron hasta 3000 personas al año, el 2% de la población del país. 

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