CREMATORIO: RITUALES PARA EL FIN DEL CAMINO

Imagen Michał Huniewicz
Varanasi (Benarés) es la ciudad más antigua del mundo y el lugar santo en el corazón de hindúes, jainistas y budistas. Este es el hogar de Shiva, donde los devotos peregrinan para lavar sus pecados en el sagrado Ganges y en sus últimos días, para morir, porque morir aquí es un privilegio que asegura el moksha, la liberación absoluta del ciclo de renacimiento y muerte. 

Las estrechas calles que desembocan en el río son testigos de la vida a muerte que conviven aquí de forma natural, una al lado de la otra. Hay crematorios en toda India pero en Varanasi, los ghats o plataformas escalonadas de Manikarnika y Harishchandra son los destinados para este fin, e incineran difuntos sin descanso día y noche, para después arrojar las cenizas al Ganges. En los últimos años, los crematorios eléctricos se han vuelto muy populares por ser más limpios, económicos y ecológicos. Luego las familias llevan las cenizas en el río par sumergirlas con un pequeño ritual.

En las calles aledañas a los ghats del crematorio hay multitud de pequeñas tiendas para contratar los últimos ritos, el precio y la calidad de la madera que se va a emplear, las flores, las ropas y hasta el fotógrafo de los muertos. Es tradicional que la familia encargue un retrato del difunto como recuerdo, aunque la llegada de los teléfonos móviles le ha quitado trabajo a estos profesionales. 

En Varanasi el flujo de cortejos fúnebres es constante y la visión de las piras funerarias y el humo envolvente es una de cosas que más perturba a los extranjeros, aunque también les sorprende que no huela mal. Las cremaciones están expuestas al aire libre y cualquiera puede verlas, pero es de mala educación acercarse demasiado, curiosear y hacer fotos o vídeos del momento. 

Entre 80 y 150 son cremadas a diario en Varanasi, un negocio muy rentable para la casta Dom, la comunidad de intocables encargada de los rituales. Se necesitan unos 350 kg. de madera y 3 horas para completar una incineración y los precios varían según la calidad del material, que puede llegar a ser desorbitada si se trata de madera de sándalo, muy cara por escasa y fragante. 

El sistema de castas indio está presente en todos los órdenes de la existencia y por supuesto, en la muerte. Los Bramanes se incineran en lo alto de la plataforma de cremación, la casta intermedia más abajo y las castas inferiores, casi al borde del agua. También hay personas que no se creman porque ser demasiado santas o quizás, demasiado pecadoras. Los sadhus y los que murieron por lepra, viruela o mordedura de serpiente, los niños menores de dos años y las embarazas no se incineran, su cuerpo se arroja al río con un peso para que se hunda. Las prostitutas, las víctimas de suicidio, asesinato u otro tipo de violencia tampoco se creman, por la creencia de que su alma no tendrá salvación, por bien que se prepare su cuerpo. El bajo costo de los crematorios eléctricos está acabando con esta tradición y ahora ya no se ven tantos cuerpos flotando en el río como antes. 

Aquí no hay ataúdes, los difuntos se trasladan en camillas y deben de ser incinerados a las ocho horas siguientes a la defunción. A los hombres los visten con sudario blanco mientras que el de las mujeres es rojo o naranja, a menudo llevan su atuendo de boda. El sacerdote vierte un poco agua del Ganges en la boca del finado y le recita unas oraciones al oído. Su cuerpo ha sido previamente untado con ghee (manteca clarificada) para su mejor combustión y colocado en medio de la pira con más madera encima. 

El cortejo está formado por los varones de la familia vestidos de riguroso blanco, encabezados por el hijo mayor, que será quien prenda la pira tras darle cinco vueltas rituales preceptivas. Las mujeres no acuden a la cremación por la creencia de que sus lágrimas mantendrán el alma apegada a esta vida en lugar de permitir que transmigre y se reencarne. Son rituales serenos, sin gritos y con pocas lágrimas, en contra de lo que se pueda pensar, es una forma de respeto al difunto. 

Finalizada la cremación, las cenizas se arrojan al Ganges y las familias guardan un periodo de luto de más de un mes, con rituales conmemorativos en el templo y en el hogar. 

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