DENTISTAS CALLEJEROS, UN OFICIO EN EXTINCIÓN

Imagen Francois Decaillet

Todavía es posible ver en India algunos empleos antiguos heredados como tradición de padres a hijos. Uno de ellos es el de dentista callejero, virtuosos de los alicates y las prótesis que pese a no tener un título oficial que cuelgue de la pared, conocen todos los secretos de los dientes. 

Su clínica es el duro suelo la acera que hace las veces de mesa, asiento y sala de operaciones. En un paño extendido descansa bien colocado el extenso muestrario de todas las sonrisas posibles que ofrecen a sus clientes, la mayoría de ellos personas de condición muy humilde que no pueden acudir a una clínica convencional. El precio de un servicio en la calle varía según el tipo de trabajo, pero la media ronda las 125 rupias (1,6€) por extracción y 1500 (20€) por prótesis completa. 

Curiosamente, de los dentistas callejeros se cuestiona más la higiene que la técnica. Aquí no hay anastasia ni Rayos X y los artículos se desinfectan con agua de garrafa y detergente común, no tan a menudo como se debiera. Ellos se defienden alegando que siguen pautas de limpieza y su profesionalidad está a la altura de cualquier titulado, avalada por años de experiencia. También dicen que las prótesis y masillas con las que trabajan son de calidad porque las compran a los mismos centros de distribución. 

La Asociación Médica India ha pedido que se elimine de las calles este tipo de prácticas sin control mediante una actualización de la ley, que data de 1948, a la vez que advierte a la población de los peligros de infección y de contagio de enfermedades como la hepatitis o el SIDA. 

La mejora económica del país ha hecho languidecer este oficio tradicional, que se resistirá a la extinción mientras existan millones de personas que no puedan pagar una visita a una clínica esterilizada. 


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